Pitágoras habría respondido que la vida humana le parecía semejante a aquel mercado que se celebraba con motivo del gran espectáculo de los juegos con asistencia de toda Grecia. Pues allí con sus cuerpos bien entrenados unos intentaban alcanzar la gloria y la corona de laurel, a otros les impulsaba el interés de comprar o vender ventajosamente, y había en fin cierto tipo de gente, quizás incluso la más señorial, que no buscaba ni el aplauso ni la ganancia, sino que había acudido simplemente para ver y contemplaban con suma atención qué era lo que pasaba y de qué forma.

Tusculanas, Cicerón

Traducción de José Carlos Fernández Corte

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